martes, 12 de diciembre de 2017

INICIA EL MONTAJE DE LA NUEVA PRODUCCIÓN DE EL CASCANUECES EN EL AUDITORIO NACIONAL


-Durante cuatro días más de 150 especialistas de diversas áreas pondrán en pie el escenario, cuyo peso total es de 12 toneladas
-El clásico navideño contará con nuevo diseño de escenografía, vestuario e iluminación, que evocará el esplendor de la Rusia zarista
-El escenógrafo Sergio Villegas habla de los desafíos que implica trabajar en un escenario de 240 metros cuadrados



Ayer inició el montaje de la nueva producción de El Cascanueces en el Auditorio Nacional, cuya monumental puesta en escena necesitará de cuatro días para tomar forma, durante los cuales más de 150 especialistas en diversas áreas pondrán en pie los diferentes elementos que confirman la escenografía, con un peso total de 12 toneladas.

Como cada año desde 2001, este ballet a cargo de la Compañía Nacional de Danza del INBA llega puntualmente a su cita decembrina en el Auditorio Nacional, con una nueva producción en la que estrenará escenografía, vestuario e iluminación, para corresponder a la fidelidad del público que ha convertido a esta obra en una tradición navideña.

El 18 de diciembre de 2017 se cumplieron 125 años de que este ballet tuvo su estreno mundial en el Teatro Mariinski de San Petersburgo. Para celebrar esa fecha, la compañía mexicana sitúa ahora a El Cascanueces en la Rusia de finales del siglo XIX; es decir, justo en la época que Piotr Ilich Tchaikovski compuso la música y Lev Ivanov trazó la coreografía de esta pieza clásica.



El Cascanueces y la Compañía Nacional de Danza
En México, El Cascanueces se integró al repertorio de la Compañía Nacional de Danza en 1980, ofreciéndolo en el Teatro del Palacio de Bellas Artes. En 2001 llegó al Auditorio Nacional con la misma escenografía que si bien era adecuada en Bellas Artes, en el Coloso de Reforma se veía diminuta. No obstante, el talento de tramoyistas y la decisión de sólo ofrecer butacas desde las que la visión del foro era óptima, permitieron que durante 16 años la obra anidara en miles de corazones.

En 2016 el interés por ver esta obra provocó una demanda extraordinaria de boletos; en consecuencia, por primera vez se abrió el segundo piso y fueron casi 80 mil espectadores los que colmaron las 10 funciones. Animado por semejante respuesta, Mario Galizzi, titular artístico de la Compañía Nacional de Danza, decidió utilizar en 2017 el escenario completo del Auditorio para que 150 artistas, entre bailarines y músicos, brinden su talento a 10 mil espectadores en cada una de las 14 funciones que ofrecerá en esta temporada.



Nuevos aires rusos
Hoy, el equipo encabezado por Mario Galizzi, comprende en el área creativa a Tolita y María Figueroa en el diseño de vestuario, a Sergio Villegas en el de escenografía, y a Laura Rode como responsable de iluminación. En tanto, sobre el escenario estará la Compañía Nacional de Danza, alumnos de la Academia de la Danza Mexicana y de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA. La música será interpretada en vivo por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, dirigida por el maestro Srba Dinic.

Sergio Villegas, encargado de la nueva escenografía, comenta que se respetó la coreografía original, pero se reemplazaron los escenarios victorianos de la anterior puesta en escena por los rusos del siglo XIX, así como por accesorios artesanales, no exentos de lujo, que dan renovado brillo al relato.

En la nueva producción de El Cascanueces hay un elemento que condensa la fastuosidad de la Rusia zarista y la magia en torno a todo lo que puede contener un regalo: el Huevo Fabergé. Se trata de una pieza de orfebrería salida de las manos de Peter Carl Fabergé (1846-1920), joyero oficial de la corte de los Romanov, que entre 1885 y 1917 creó 69 finos y delirantes obsequios en forma de huevos de Pascua, en cuyo interior había diminutas maquetas con casas y trenes, canastas con flores, o bien detallados cisnes o pavorreales; todos forjados con piedras y metales preciosos. Además de esas obras forjó centenares de artículos como cigarreras, relojes, objetos religiosos, marcos de retratos y juegos de cubiertos, todos transformados en obras de joyería.

La fuente de la que el escenógrafo abrevó para conocer más sobre el afamado joyero fue el documental de Patrick Mark Fabergé: a life of its own (en YouTube: https://youtu.be/YzgZqzEzfws). "Eso detonó todo. Mi investigación se centró más en la joyería de Carl Fabergé, sus diseños y fue tal el interés que en el ballet ese objeto aparece muchísimas veces, en muchos lados".

Con licenciatura en escenografía en Nueva York y Londres y la maestría de escenografía en la Universidad de Yale, Villegas ha creado diseños para más de 60 producciones, entre ellas: Yo soy mi propia esposa, Zoot Suit, Mentiras El musical, Godspell, Homéridas, Hoy no me puedo levantar, Madre Coraje, La muerte y la doncella, La Dalia Negra, Tres días en mayo y Billy Elliot El musical.

Los desafíos a los que esta vez se enfrentó el escenógrafo no fueron pocos: había que respetar la coreografía; era necesario ocupar inteligentemente las enormes dimensiones del recinto -240 metros cuadrados- en el que la escala humana puede perderse; tuvo que crear y mantener un gran espacio despejado por lo menos a nivel de piso y cuidó, además, que todo elemento escenográfico pueda ser visto desde cualquier asiento del Auditorio Nacional. Pero a todo encontró soluciones, "pensando siempre primero en el público", dice.

Un lema entre los escenógrafos es "Llena la mente, no el espacio", pero acatar la premisa no es sencillo ante los 19 metros de ancho, 11 de altura y 24 de profundidad del foro de Reforma. Reconoce Villegas: "Creo que llenar la mente es difícil cuando la acción está tan alejada del espectador. Los gestos pequeños se pierden o se aprecian a través de las pantallas, que implican otro lenguaje como lo es el video. Por eso creo que debe haber guiños de gran escala que detonen la imaginación del espectador y contribuyan al entendimiento de lo que está sucediendo o está por ocurrir en escena".

En una época donde parece inevitable recurrir a pantallas gigantes de leds en el escenario, Villegas apuesta por otra opción: "Como se me dio total libertad para re-imaginar un nuevo espacio, la escenografía de El Cascanueces es más artesanal. Realmente hay muy poca tecnología involucrada. Creo que un espectáculo bien diseñado puede ser tan entretenido como lo más novedoso del mundo digital en una tablet. Me parece, también, que los padres añoran llevar a sus hijos a este tipo de espectáculos y apartarlos de vez en cuando de las pantallas".


Para entender de manera cabal sus palabras, hay que asistir a alguna de las funciones de El Cascanueces y apreciar el equilibrio escénico que alcanza un Huevo de Fabergé de 7 metros de alto, un sillón que antes medía 3.5 metros y que hoy casi alcanza los 9, y el majestuoso árbol de Navidad que de 4 metros pasó a 6 y alcanza hasta los 10 metros de altura; es decir, posee las mismas dimensiones del que hace unos años era erigido en Paseo de la Reforma, lo mismo que el enorme globo aerostático.

El espíritu creativo de Carl Fabergé es el que anima a todos los involucrados en el montaje de El Cascanueces en el Auditorio Nacional. Su trabajo y tesón se convertirán en un fantástico regalo para el público mexicano.

El Cascanueces, con la Compañía Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes, se presentará el viernes 15, sábado 16, domingo 17, jueves 21, viernes 22 y sábado 23 de diciembre a las 17:00 y 20:00 horas, y el martes 19 y miércoles 20 a las 20:00 horas. Boletos: De $220 a $1200, disponibles en las taquillas del foro sin cargos extra y en el sistema Ticketmaster.


Fotografías: Cortesía Auditorio Nacional / Marie Pain

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